Aquí me encuentro inmersa en este gris universo, que poco
sabe de mí. Poco sabe de mi alma, mi cuerpo manchado y mis manos frías. Escribo
porque quiero no existir, escribo para desaparecer. ¿Escribo a quién? A quién
su nombre su mencionaré. Porque no vale la pena mencionarlo, porque quizás ni
si quiera existe, porque nunca existió.
Ahora el fuego quema, justo frente mis ojos, y el viento se ha llevado hasta lo más preciado de mí. El día me enseñó que la melancolía es hermosa, pero se lleva todo, y te deja vacío. Mis dedos decidieron hacer esto, mis dedos, no yo. Yo hace tiempo que dejé de decidir por mí, he preferido la muerte. He preferido mirar las gotas de mi ventana, sin poder tocarlas. He visto como caen las hojas sin si quiera despedirse de mí; porque parece que ya no existo en este mundo. Las sonrisas falsas me han pasado la cuenta, y la mente ha rebalsado de malos recuerdos, el corazón casi ya no siente. Me pesa el dolor, la vida, los años. La resignación a la que opté aquel día en que decidí caer en esto, y no salir.
Déjame, maldita flor de cactus. Déjame, maldito vicio. Déjame, droga de la que nunca me pude rehabilitar. Déjame en paz de una vez, porque estoy cansada de ti. Estoy cansada de la tristeza constante, del pesar de mis manos, de los sentimientos horribles. Estoy cansada de los días sin sentido, de repetir mil veces las mismas cosas. De hacer las mismas palabras, pensar en los mismos libros, sentir los mismos acordes y de ese cuadro imaginario que se inhunda frente a mí. Se está inhundando, y lloro por él.. porque decidimos ahogarnos juntos, pero creo que se va a otro lugar, donde está más sano y la vida no le pesa tanto.