Cuando las palabras se acaban, empieza el corazón. Quizás por eso empezamos tanto, porque nos quedamos sin palabras.
Te escribo porque siento, y creo que es lo peor sentir (y a la vez es lo mejor). Te escribo porque estoy quebrada, porque ya no sé que hacer ni con mi vida,ni contigo, ni si quiera conmigo misma. Porque las palabras de aliento ya no tienen sentido, y los abrazos solo expresan dolor. Quizás porque un "adiós" es demasiado nefasto para la existencia. Quién sabe, la vida es tan injusta que ni si quiera nos prepara para decir adiós. Creo que ella nos ha puesto a destiempo, nos ha hecho sentir, nos ha encontrado para ponernos a prueba; pero no pudimos contra ella. Debimos haber reído más, debimos haber besado más, debimos haber compartido más. Debiste haberme valorado, debí haberte entendido. Debiste y debimos tanto, que nunca nos perdonará. No queda más que perdonarnos a nosotros mismos, a nuestros crueles encuentros y nuestras malditas discusiones en plena madrugada. Nos quedaron algunos abrazos, quizás promesas pendientes y unas cuantas noches. Quedarán para otras vidas, o otras muertes en donde la vida nos vuelva a dar tan grande oportunidad de tenernos, tu a mi, yo a ti.
Por mientras, esto ha acabado. No tienes que decirlo tú, no tengo que decirlo yo, ni si quiera tiene que decirlo el viento. Es algo que es, es el fin de nuestro camino juntos, de nuestras emociones y apoyos. Bueno, como toda cosa: un inicio, una historia, y un fin. No creo que deba mencionar que fue maravilloso, ambos lo sabemos. Solo tú y yo sabemos, cuánto compartimos, solo tú y yo sabemos, cuánto nos quisimos. Tú supiste mis más grandes secretos, yo supe hacerte sonreír. Sabemos tanto de nosotros, que llegó el día en que debemos ser aquellos malditos desconocidos que compartieron sus cuerpos y al día siguiente se marcharon; llegó el día en que caminamos sucios y sin alma, por haber dejado el sol de lado. Ambos preferimos la lluvia, ambos quisimos la soledad. Quise quererte, quisiste huír. Quisiste quererme, hoy me debo ir.
No sé cuantas cartar te escribiré sin enviarte, algunas con kilos de odio, otras con kilos de amor. Algunas cuántas irán con partes de mí totalmente devastadas, otras deseándote lo mejor. Quizás algunos agradecimientos, o lágrimas sobre ellos: es un poco de todo; un poco de extrañar, vivir, querer, y despedir. La vida está para eso, para que sintamos cada una de sus instancias con toda nuestra alma, con todo nuestro ser. Si hay que llorar, lloremos hasta que no podamos más, si hay que caer, caigamos una y otra vez. Pero no está permitido quedarse en el piso, no está permitido no levantarse. Tengo, y tenemos la oportunidad, el derecho y el deber de ser felices. Tenemos grandes cosas cerca nuestro, tienes tu familia, tu arte y varios años de experiencias. Tengo mis asuntos, mis locuras y unos cuantos pasitos por avanzar. Tenemos tanto, que basta con abrir los ojos y darnos cuenta de la inmensa felicidad que existe en nuestro mundo. Es cierto, también tenemos mucho por lo que luchar y sufrir, pero eso sigue el mismo camino, no hay felicidad sin un poquito de tristeza. Eres fuerte, eres lindo y eres real, tienes una vida que te espera para verte sonreír, aunque sea en tu más grande melancolía, es posible sonreír. Por el solo hecho que existimos, y que sentimos, al fin y al cabo, estamos vivos.
Hoy te pido, que me dejes ir. Hoy te doy las gracias, por estos 759 días que hemos compartido, y quizás cuantos segundos. Te agradezco también, por el mundo que me entregaste, nuestros altos y bajos, nuestros abrazos y empujones. Hoy te digo que me he cansado, hoy te dejo ir. Vuela como los pajaritos, como sabes hacerlo. Vuela por tu vida, que es lo más valioso que tienes.
Eres un tesoro, te he querido como a nadie en este mundo. Y mereces, más que todos los sucios seres humanos de aquí, ser feliz.
te quiero y te querré siempre,
Clau.
No hay comentarios:
Publicar un comentario