miércoles, 6 de marzo de 2013

Cosas nuevas.

Las cosas nuevas son demasiado excitantes. ¡No se imaginan las expresiones de los seres humanos al ver algo nuevo! Pareciera que todo cambia en sus vidas y que dan un giro de 360 grados, con los ojos cerrados e incluso llegan a sentir mariposas en el estómago. Oh, ¡cómo aman lo nuevo! Sus ojos brillan, su pelo vuela, sus manos saltan y su cuerpo revive. Y está bien, esa serie en cadena es algo maravilloso. Pero, ¿de dónde nace todo esto? ¿Es acaso, algo existencial? No. No lo creo. Es sencillamente porque ya nada parece tener la capacidad de re encantarnos, o nosotros no podemos re encantarnos de nuestras cosas. Puede que hace un año, "eso" nos hubiera hecho eternamente feliz y nos hubiese convencido de que el mundo gira gracias a nosotros. Pero hoy, no hacemos más que mirarlo (si es que lo miramos) y lo encontramos terriblemente nefasto. Nuestra muñeca, esa que nos acompañaba cuando teníamos 6 años, y que era nuestro único anhelo, hoy se llena de polvo y telas de arañas. Y no recordamos en lo absoluto, toda la alegría que nos brindó.
Y así con todo, sucesivamente. Con todo lo que adquirimos al pasar los días. Según nosotros, las cosas pierden su brillo. Pero esperen un momento, pensemos bien. ¿Las cosas pierden su brillo, o nosotros se lo quitamos? Porque su esencia sigue allí, intacta. No tiene por qué seguir la línea típica. ¿Por qué no enamorarnos cada día de lo que tenemos, y no desear lo que nos falta?

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