Y no lo digo solo por los grandiosos días de Sol.
Fuiste intenso, como las tormentas. Fuiste difícil. Fuiste distinto, extraño. Raro.
Me enseñaste tanto como un libro. Sin duda te quedarás dentro de mí, y estos meses nunca más pasarán desapercibidos sin recordar todas las anécdotas por las que tuve que vivir.
Sin embargo estoy aquí, de pie, escribiendo acerca de ti. Escribiendo por todas las lágrimas y sonrisas que expiré. La verdad, el 1 de Enero nunca pensé que volvería a ver la luz como antes. Creí que todo sería gris, y que sería un Verano de quedarse encerrados y ver la rutina como modo de vida. Sinceramente, creí que la música de acordes menores sería mi fiel compañera por el resto de los días. Y que la llave de Sol me dejaría sola. Pero no fue así, supiste sorprenderme bien. Si bien, hubo días en los que no quería existir, y veía como el amor de mi vida desaparecía lentamente partiendo cada espacio de mi ser, fui capaz de aprender. Aprender y guardar lo mejor, aceptar que bueno o malo, fue un regalo. Y hay que tomarlo como tal.
Aprendí que las cosas cambian, las personas te dejan y que nada es para siempre. Aprendí que llorar es sano, pero que todo tiene límites. Que las almas te dejan y debes seguir caminando sola. Aprendí que caeré mil veces, pero como sea, tendré que seguir caminando.
Me volví loca un tiempo, toqué fondo. No sabía donde estaba parada. Pero tus rayitos alcanzaron mis dedos, y los llevaron de vuelta a casa. De vuelta al mundo en que me sentía segura, y que en verdad era yo.
En ese mundo estoy ahora, el mundo de la paz interior, mis amigos y mi familia. El mundo de los sueños y esperanzas, creencias y amor.
Independiente de todo lo que pasó, me hiciste volver a creer en el amor. Me recordaste que el amor no es solo dentro de una relación de novios o algo por el estilo. El amor está en todo lo que vemos y lo que tocamos. En esos angelitos que robaron mi corazón 7 días y que nunca olvidaré. Todo es amor.
A veces extraño sus manos, y sus ojos rodeándome de cosas nuevas. Su esencia protectora. Pero lo dejo en segundos, como ahora. Es algo que existió y ya no volverá, aún tengo la esperanza de que tuvo vida (?)
No creo del todo en nuestros cuerpos, y en esa conexión. La he olvidado, la mayoría de los días.
Me siento segura, me siento mejor. Eso que llena mi cabeza de cosas horribles ya no hace tanto daño. Solo quedan las cenizas.
En fin, estimado Verano,gracias por entregarme nuevas luces, nuevas manos y nuevos pensamientos. Gracias por hacerme más firme, más feliz. Gracias por darme un río de sensaciones, que te prometo por la garrita, jamás olvidaré.
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